miércoles, enero 10, 2007

IPhone


Ayer Steve Jobs presentó IPhone.

Realmente me emociona la forma en que este güey presenta sus productos, es el showman de la tecnología.

Durante su presentación, Jobs hace un rápido recorrido por la historia de Apple y sus momentos clave, en los que introdujo al mercado los dispositivos que cambiarían la forma de interactuar con las computadoras. La Macintosh, con una pantalla en la que puedes ver de todo tipo de cosas y un ratón para señalar, elegir y "arrastrar" etc., la "rueda" del Ipod y ahora el IPhone.

O sea, el vatito se las está dando de que ya revolucionó a los teléfonos celulares, las computadoras, la música y la forma en que apreciamos el mundo digital. ¿Y saben qué? Le creo.

Soy usuario de Apple desde hace muchos años, pero mi historia con las computadoras se remonta un poquito más allá. Y así como le hizo Steve Jobs, yo voy a hacer un recuento de ésta experiencia.

Corría el año de 1985. Yo, que era un adolechondo que no se despegaba de la tele, me alimentaba de fantasías cibernéticas (al no tener aún acceso a una novia que me mostrara el otro lado de la vida) que eran presentadas en el cine y la televisión. Películas como War Games, Cloack and Dagger, Short Circuit, Star Wars y series de TV como Automan, Whiz Kids (Chicos computarizados, en México) etc. mostraban a una nueva generación de héroes que usaban la tecnología de las camputadoras como el arma o la herramienta que los acompañarían durante sus aventuras.

Mientras ya muchos niños de la cuadra gozaban de un Atari, Coleco o Intellevision y habían ingresado a la era "digital", yo me conformaba con ver la tele abierta, tocar mis discos LP o jugar soccer con mi Mattel Electronics (yo la había pedido de beisbol, pero nel).

Mi padre, quien ya estaba involucrado en la era de la computación, me invitaba de repente a sus cursos de informática en las instalaciones de la Universidad Autónoma de Nuevo León (U.A.N.L.), en la Facltad de Ingeniería Mecánica y Eléctrica (F.I.M.E.). Pues ahí en F.I.ME. tenían una computadora. ¡Y qué computadora! Una serie de gabinetes así negros muy bonitos, con cubiertas de cristal, muchos foquitos multicolores, botones de todos tamaños y carretes de cinta que giraban poquito, y luego mucho, y luego se regresaban, y así.

Mi padre usaba tarjetas perforadas para comunicarse con ella. Era preciosa. Enorme. Me gustaba ir y sentirme como en un set de Star Wars.

Llegó el inevitable día en que le pedí a mis padres un Atari.

Lamentablemente nunca supe explicarles lo que era. Fuera de un juego caro, ellos no entendían que se trataba de mi pasaporte a la modernidad, a nuevos universos digitales, mi primer paso a mi futuro estilo de vida en armonía con la informática y la cibernética.

Pos no.

Pero mi padre me dio una esperanza. Al decirle yo que, el Atari efectivamente se trataba de una computadora, pero una en la que los juegos (el software) ya estaba previamente diseñado y por ello tenía grandes limitaciones creativas. Mi padre me dijo: Prefiero comprarte una computadora de a deveras para que tu programes tus propios juegos. Recibí la respuesta con cierta incredulidad, pero al no quedarme de otra, abracé la idea de que un día llegaría a tener mi propia computadora.

Cuál sería mi sorpresa que al poco tiempo, leyendo el periódico, vi un anuncio de las tiendas Soriana en la que aparecía una computadora por sólo $150,000.00. Estoy hablando de los pesos mexicanos de aquellos años, antes de Salinas y sus Nuevos Pesos.

¡Guau! Una computadora por una cantidad que yo sabía que mi papá podía pagar.

Le mostré el anuncio a papá y para mi asombro, me llevó ese mismo día a la sucursal Universidad de Soriana y me compró, no sólamente la flamante Commodore 16, sino su unidad de caset Datassete y dos o tres manuales para aprender a programar en lenguage BASIC. ¡Órale!

La computadora Commodore 16 se trataba de un teclado color negro con teclas grises y un foquito rojo que te indicaba si estaba prendida. Se conectaba a la tele, en la que aparecía un texto que decía:

READY:

Seguido de un cuadrito intermitente que era el cursor.

De ahí en delante, ¡a teclear! No mouse, no nada, pura programación. Para todo era SEARCH, LOAD, GOTO, RUN, etc. Lo más grave: Mi papá no me compró un sólo jueguito. Todo lo que hiciera en la computadora, lo tenía que crear desde cero. Laaaargas horas tecleando enormes listados para hacer un juego del ahorcado, un gato, un simón. Esos eran los programitas que venían en los libros de BASIC. Y despuees de teclear miles y miles de palabras a veces sin saber de qué demonios se trataba... ¡chíngale! la computadora detectaba un error que impedía el desempeño del programa. Y a checar tooodo el mugrerete otra vez, hasta encontrar el punto, la coma o el caracter que faltaba, sobraba o todo lo contrario. Y otra vez la historia.

Y ¿saben qué? Qué divertidotas me daba. Me encantaba mi computadora. Descubrí los secretos del Atari y los demás sistemas de entretenimiento. Luego ya cuando iba a casa de mis primos y sacaban sus consolas de juegos, yo ya no las veía con ése encanto de tiempo atrás, pues había conocido las tripas de la programación. Bueno, así me sentía.

Después de un par de años de intenso trabajo con mi Sigma Commodore 16 (la empresa que distribuía en México estos equipos se llamaba Sigma, y chafamente rebautizaron el producto y reetiquetaron todas las identificaciones en el aparato), llegó el día en que, después de días de concentración para terminar de programar un software de mi creación en el que el usuario usaba las flechitas del teclado para mover un puntito que iba dejando dibujada una rayita del color que seleccionara, me apareció en la pantalla el letrero OUT OF MEMORY y me fregó mi programita de dibujo y todas mis horas de trabajo. Mi Commodore 16 tenía pues, 16 Kilobytes y me los había acabado con este proyecto. No tenía disco duro y no había almacenado la información en mis cassetes de audio que usaba en la unidad Datassete. Ya no volví a usar mi computadora para cosas serias. En fin, después de un tiempo, quedó relegada a un rincón en el clóset, pues yo necesitaba más poder, más capacidad, más, más, ¡¡¡MÁAAAS!!! ¡MUACA, MUACA MUACA!

Autorretrato de aquellos tiempos en el que aparezco yo, mi tele Philiphs modelo Vallarta y la Commodore 16 (a la altura de mi cabeza). Mero abajo del mueble se aprecia la caja original en color verde de la que fue mi primera computadora.


Me brinco la clase de computación de la prepa porque fue una cosa ridícula e inútil.

Años después, Cuando fundamos Jaime Domenech, Beto y yo la marca de ropa Hongo, Art for the Masses, mientras andábamos buscando proveedores de serigrafía, nos topamos con la empresa MISODI Publicidad, en donde nos atendió su dueño Felipe Camelo Schwartz, quien nos abrió las puestas de su empresa, dejándonos imprimir ahí nuestras camisetas sin ningún costo. A cambio, ya que mi exsocio Beto (no recuerdo su apellido) era instructor de computadoras Macintosh, pues le ofrecimos unos cursitos al hijo de Don Felipe, el Felipe Jr.

Logo de la marca Hongo, Art for the Masses, que le da nombre a este blog

Pues los cursos quizás los aproveché más yo que el mismo Felipe, aún más emocionado por la música y los automóviles que por las computadoras. Los cursos se impartieron utilizando una Macintosh LC que nadie usaba y estaba abandonada en la oficina. La Mac tenía instalado Adobe Illustrator 2, creo, y corría lentísima. Además de MacPaint. Los cursos no profundizaron mucho, pero me dieron una idea del potencial de las máquinas.
1992, mi primer contacto con Mac.

Por cierto, MISODI son las siglas de MI SOcio DIos.

Mi incursión de lleno al uso de las Macs se efectuó cuando en 1993 fui contratado como ilustrador en el periódico El Norte.

Mis primeras ilustraciones para El Norte fueron hechas en tinta sobre papel.
Click a las imágenes para ampliarlas

Al principio sólo hacía mis ilustraciones a mano y alguien más se encargaba de escanearlas y retocarlas. Pero pronto me dieron quebrada y pude operar una maravillosa Macintosh II super recargada, que en ese entonces usaba mi jefe Sergio Aguirre, pero que había dejado de usar porque tenía otra con doble monitor. Para mí todo era mágico. Después usé una Quadra, en la que me desaté con Photoshop. Usábamos de Adobe, Illustrator versión 4 y Photoshop versión 2.5, que aún no tenía la capacidad de layers. En ese entonces eran las versiones más recientes. Era un privilegio para un chavo como yo a sus 19 años trabajar ahí.

Una de mis primeras ilustraciones para El Norte usando Adobe Illustrator.
Click a la imagen para ampliarla

El Norte fue durante años el caldo de cultivo de grandes ilustradores regiomontanos, y la dinámica dentro de las oficinas propiciaba la excelencia y eficiencia. Después se salió Sergio Aguirre y el departamento de ilustración se quedó sin timón, hasta convertirse en lo que es ahorita. Lástima.

Me compré mi primera Mac en 1995, una Power PC 6100 que me vendió Willy de la entonces TERA Sistemas. Una gran computadora, sobreviviente de varios updates, que años después intercambié con todos los periféricos SCSI (miles de dólares invertidos) por mi primera cámara digital.


En este video sale mi legendaria Power PC 6100.

Meses después, cuando me salieron de El Norte, tuve la fortuna de conocer a Roy López, un gurú de las Macs. Mi gran amigo Roy es quien me ha mantenido actualizado y es gracias a quien he refrendado año con año mi preferencia por los productos de Apple.

Ahora cuento con una Mac Book Pro y edito videos con Final Cut Pro, uso los programas de Adobe con los que me inicié en el negocio de los gráficos por computadora y me encanta el Sistema OSX.

Las pocas veces que me he visto obligado a trabajar con una PC, me siento perdido, impotente, y me pregunto con lágrimas en los ojos porqué la gente sigue usando Windows.

Araceli, mi esposa es también fiel usuaria de Mac, después de haber trabajado toda su vida con Windows, sistema operativo que ahora le inspira una profunda hueva.

Aunque temo que, paradójicamente Steve Jobs se parece cada vez más al tirano que aparece en el comercial de televisión "1984", con el que Apple Computer lanzó al mercado la Macintosh, y yo cada vez me parezco más a los autómatas que aparecen en la misma joya de la publicidad dirigida por Ridley Scott, creo que el lanzamiento del IPhone será otro hito en la historia y nadie lo podrá evitar.


1984

De entrada, contrario al objetivo tradicional de la publicidad, creo que la intención de anunciar este prodigioso dispositivo desde ahora a pesar de que no se podrá adquirir sino hasta junio de 2007, es la de inmovilizar al consumidor. lograr que NO COMPRE. Que no gaste un centavo en toda la bola de teléfonos celulares, Palms, Blueberrys y demás chunches que quedaron obsoletos justo el día de ayer. No hasta que esté disponible el IPhone.

Steve Jobs en unos añitos más. Yo aparezco en la tercera fila de la derecha.



Y es exactamente lo que voy a hacer.

3 comentarios:

mario dijo...

Ah que perfecto y formidable que gusto saber que sigues de Macfreak, y ver tu video-promocional de tu curso "baile y popmeese al colchón cuando exhausto" ...jajaja la vieja casa de Tapia.Tantos recuerdos

Samuel Beltrán dijo...

Que nostalgia el leer tu relato de la commodore 16, yo tambien tuve una y mi papa me la compro porque en esa epoca estaban muy escasos los ATARI 2600, recuerdo que era una tienda LEY en CULIACAN, me la compraron con la unidad de Datasette y yo hacia mis propios juegos apenas tenia 13 años y me intrigaba todo eso de programar compre cuantos libros pude y a los 15 años ya programaba en ensamblador y hacia rutinas on poke y peek porque el BASIC de la C16 esta muy limitado con las rutinas a ensamblador hice juegos que en su epoca eran muy avanzados y mis vecinos quedaban sorprendidos podia hacer casi cualquier juego del atari 2600, recuerdo programe el COMBAT, un tipo POLE POSITION otro que era MISSILE COMMAND y los hacia mejor que los origianles en Atari 2600 le invertia 3 semanas a cada juego y en algunos hacia etapas nunca vistas etc.. que recuerdos. luego aparecieron las PRINTAFORM 8088 que eran clones de IBM y el NINTENDO y relegue mi C16 al closet y todavia la tengo guardada en el atico.

Saul dijo...

Hola Samuel,
Pues yo no llegué a tanto, creo que tú sí le sacaste verdadero jugo a tus compus, ¡impresionante!