martes, agosto 07, 2007
miércoles, agosto 01, 2007
Muerte en el Museo
Todo por que a las tres de la tarde de los miércoles se llevarían a cabo los Diálogos en el Museo, charlas sobre arte mexicano y universal impartidas por Fernando González Quintanilla†.
Meche, quien es unos seis años mayor que yo, se había enterado de los Diálogos durante su paso por la Academia de Artes Plásticas, en donde estudió cerámica con el maestro venezolano Rafael Cabrujas. La Academia era dirigida por el excelente retratista regiomontano David González, cuyo hermano, Gerárdo González Gámez†, era el encargado de la hermosa biblioteca del Museo de Monterrey, un espacio de lujo consagrado al arte con libros de todo el mundo, finas ediciones que no cualquier mortal podría adquirir y que no se encontraban en las humildes bibliotecas públicas. Ahí pasé horas y horas de nutritiva lectura, devorando imágenes y un cafecito mientras charlaba con Gerardo del arte, las musas, filosofía y la vida en general y en específico.
Fue en la biblioteca del Museo, y gracias a los ciclos de cine alemán y francés que coordinaba Gerardo, que tuve acceso a una visión fuera del espectro jolibudense, películas que a mis 13-16 años representaban no sólo un agasajo, sino un reto.
En los Diálogos en Museo, Fernando, que era un magnífico orador, recreaba para nosotros escenas de la historia precolombina, en una inmersión total en la búsqueda de ese mundo del que nos quedan sólo algunos restos.
Todo esto ocurrió bajo la dirección del Museo de Jorge Martínez†, de quien no se mucho y a quien sólo alcancé a ver en pocas ocasiones. Después entraría José Emilio Amores, con quien se fue perdiendo la continuidad de los programas del Departamento de Educación. Luego entró como director del Museo otro funcionario (ahora ligado al Fórum de Las Culturas de Nati), hasta que finalmente el Museo cerró para siempre sus puertas, en un hecho tristemente histórico y trágico para la cultura de Monterrey.
Me dan ganas de llorar nomás de saber que no podré compartir con mi hijo las estupendas exposiciones que ahí tenían lugar, en las que conocí el imponente trabajo de los mejores artistas de México y latinoamérica así como la evocadora arquitectura del edificio antiguo que resguardaba también los hermosos tanques para la preparación de cerveza.
Y aunque aún existe el Jardín Cerveza, y el Salón de la Fama, hasta más tristeza da volver a esos lugares, pues el hueco dejado por el Museo de Monterrey y su función en la cultura regiomontana ni Marco ni el Museo de Historia Mexicana ni el Centro de las Artes podrán llenarlo.
Como un homenaje al museo presento este cómic que realicé en aquellos tiempos, en el que los personajes que aparecen son casi todos basados en las tardes de los miércoles de Diálogos en el Museo.
Fernando, Gerardo y un personaje sorpresa ligado al Museo y que aparece casi al final. También hacen su aparición los personajes de la serie de televisión Luz de Luna (Moonlighting), David Addison (Bruce Willis) y Maddie Hayes (Cybill Sheppherd).
Otro de los personajes es la hermosa empleada del museo que asistía en la vida real a Fernando, llamada Elizabeth Galicia. Salen las ñoras ricachonas que no se perdían los Diálogos y que siempre salían encantadas tras la charla del guapote González Quintanilla. Otro personaje es Jorge, un amigo de Meche al que siempre nos topábamos en exposiciones y eventos culturales.
Y obvio, salimos también un servidor, mi hermana Meshe y Snoopy, haciendo el papel de "perro".
Muerte en el Museo fue una ocurrencia para divertirme y pasar el rato, y resulta que ahora puede considerarse un documento de aquella bella época que me tocó y me marcó.
Como dato escalofriante, me atrevo a mencionar que las personas en las que se basaron mis personajes protagónicos han muerto ya. Vaya también por ellos.
En especial recuerdo a mi amigo Gerardo González, magnífico poeta, escritor y maestro. Gracias a el me inicié en el mundo de las artes gráficas, con sus clases prácticas de composición, perspectiva y uso del color que me impartía al momento que desarrollábamos los programas de mano para los eventos culturales dedicados al público infantil del Museo.
Con la única recomendación de dar click sobre las imágenes para verlas en su resolución real y poder leer los diálogos, les recuerdo que este cómic lo hice cuando gozaba la ñetera edad de catorce años, con lapiceros con puntilla 0.5mm HB.
Muerte en el Museo
miércoles, julio 11, 2007
La dulce vida

Ayer estábamos en un parque y pasó un camioncito de paletero con musiquita y todo.
Acá en Sacramento por cierto, no es tan raro ver a señores empujando carritos de paletas muy a la mexicana.
Bueno, pos que voy a comprar un par de paletitas y me encuentro con la sorpresa de que venden unas que llevan la marca de Lucas, la marca creada por una empresa originalmente regiomontana que se dedica a la fabricación de dulces con base en tamarindo y chile (bueno, antes eran tamarindos y chiles naturales, ahora quién sabe de qué estarán hechos).
Yo fui empleado en Lucas como diseñador gráfico. Entre los muchos proyectos que realicé para ellos, estaba éste de la etiqueta en cuestión, exclusivamente para el mercado norteamericano.
De esta etiqueta yo diseñé la tipografía de la palabra "CHAMOY" con brillitos y la carita del chabacanito haciendo gestos.
Trabajar para Lucas representó una agradable experiencia. La oficina de diseño estaba pegada a la oficina de Hugo Martínez, uno de los hermanos dueños fundadores de la compañía y director general.
Como sucede conmigo en los chorrocientos trabajos que he tenido, pronto Lucas no representó más reto para mí y se limitaba a una rutina en la que había poco espacio para progresar.
Por esos tiempos Charly Rodríguez, un cineasta de Monterrey me estaba invitando a ir a trabajar con él. Así que después de una pequeña negociación, le dije a Lucas que me iba.
Durante mi último día en la oficina, fue precisamente Martínez quien me dijo que lamentaba que me fuera de la compañía. Pero que lo lamentaba por mí, porque venían cosas muy buenas dentro de la empresa. No sé a qué se refería, pues meses después venderían la compañía a Mars, el gigante dulcero norteamericano, con su lógico recortadero de personal.
Si él pensaba que porque iban a vender la compañía, habría más oportunidades, estaba equivocado. Las empresas grandes que absorben a otras no tanto llegan a imponer su ley, y sobre todo, buscan "recortar gastos" y a eliminar "funciones duplicadas" dando prioridad a su personal de confianza.
De todas formas, el tiempo que trabajé para ellos fue de intensa producción y de aprendizaje del mercado y de las estrategas y trucos habituales de ese tipo de compañías.
Por cierto que por acá se hace mucho énfasis en las escuelas y todo tipo de comunicación dedicada a los padres de familia y a la nutrición de los niños, que eviten todo tipo de dulces provenientes de México, debido a los altos contenidos de plomo, sobre todo los que contienen chile y tamarindo.
Otra velada práctica de proteccionismo comercial del campeón del libre mercado y la competencia comercial. Si los dulces mexicanos fueran tan malos, ¿porqué los dejan pasar la frontera?
Ah, pero que al gobierno mexicano se le ocurriera advertir contra los chocolates, chicles, pastillitas, refrescos, frituras y todo tipo de chatarra proveniente de E.U.A. por sus altos contenidos de azúcar e ingredientes elaborados con maíz transgénico. No, pues para empezar, no creo que Felipillo lo haga, y por otro no creo que si se le ocurriera, lo dejaran.
Después de Lucas, tuve la oportunidad de trabajar con mi propia compañía, Hongo Visual, para otras dos empresas dulceras en Monterrey, PROCOPSA, creadora de la marca Zumba Pica y de las famosas Cucharas y una variante de los vasitos con chile, y para quienes desarrollé el personaje de Zumbi, un monito verde con alas y antenas que según mi teoría no es más que un mosquito extraterrestre.


También con ellos colaboré en el desarrollo de un producto nuevo llamado Kucho.
Simpático y riquísimo.
Otro de mis clientes fue Indy, una compañía perteneciente también a la familia Martínez, pero administrada por Roberto, quien también es productor de cine y TV. Con ellos desarrollé proyectos muy interesantes. Con una visión muy 'cinematográfica'.





La verdad es que el mercado infantil como que se me da.La neta es que nunca he dejado de ser un huerco que juega con carritos y hace chistosadas para pasarla bien.
Por acá he visto algunos de estos diseños ya sea en los anaqueles de las tiendas o en las despensas de las casas que he visitado, y la verdad me siento muy contento, por mí y por los buenos empresarios que me han dado la oportunidad de trabajar con ellos, aunque mal les pague a veces.
Así somos los escuincles malcriados.
Si quieres ver más de éstos diseños, te invito a la nueva sección de Diseño Gráfico de este blog, espero la disfrutes.
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